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Del desmantelamiento de la pública y lo que nos quieren hacer creer

En un universo paralelo podríamos disfrutar de una cadena pública que representara a todos, que estuviera hecha para todos y que gustara a todos. Pero, por desgracia, estamos en el universo rancio y cutre y en él nos encontramos con una cadena pública que hasta hace muy pocas semanas era siempre líder de audiencias, haciendo hoy apenas un 11% de share.

No obstante esa cifra, pese a considerarla poco representativa por el método de medición de Kantar Media, me parece suficiente muestra del distanciamiento de los medios de comunicación públicos con la audiencia. La impresión que da desde este lado de la pantalla es que alguien (y con alguien me refiero al actual gobierno, que no olvidemos que fue elegido democráticamente en las urnas el pasado 20 de noviembrequiere destruir el modelo de televisión pública para todos, reconocido internacionalmente, para progresivamente implantar el de la época aznarista (ya sabéis, ce ce o o), o directamente para intentar demostrar que «no es necesaria una televisión pública» y así poder privatizar el ente público o directamente privatizarlo.

Hago un disclaimer antes de continuar: no soy conocedor del medio, no conozco los tejemanejes de la televisión, no tengo relación alguna con la industria. Soy mero espectador y ese es el rol que asumo al escribir esta humilde nota en mi bitácora personal, recogiendo mi opinión y únicamente mi opinión.

Una de las excusas que más estamos escuchando últimamente, sobre todo tras el despido de Juan Ramón Lucas y Toni Garrido, es que «TVE y RNE no tienen que ser competitivas» (a palabras del actual Ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro). Y hasta ahí puedo estar de acuerdo. Una cadena no sostenida vía publicidad no tiene necesidad de competir contra las cadenas privadas, que juegan en una liga totalmente distinta: la de tratar de ser líder de audiencia para obtener mayores ingresos.

Con lo que no puedo estar de acuerdo, no obstante, es con que eso implique automáticamente que las cadenas públicas pueda ser sostenido de manera low cost, o dicho de otro modo, con lo que se pille para rellenar parrilla. ¿Acaso era necesario recuperar Ana y los 7 por no tener otra cosa? ¿Era necesario emitir reposiciones de casi toda la programación? ¿Tan mal anda de cuartos el ente? No me lo creo. Y aunque así fuera, eso no justifica el cese de profesionales de prestigio como Juan Ramón Lucas.

Sede de RTVE en Barcelona – Imagen por albertizeme en Flickr

Que RTVE no tenga por qué ser competitiva no implica que no tenga que apostar únicamente por la calidad. De hecho es lo que, opino, debe hacer. Dado que no necesita del respaldo de los espectadores aborregados (que ya tienen su hueco en otras cadenas, también en abierto) para sobrevivir puede apostar por hacer lo que crea mejor, por hacer televisión y radio de calidad. Y eso pasa también por brindar al ente, y sobre todo a sus servicios informativos, de autonomía absoluta y de los mejores profesionales, los más objetivos, imparciales y plurales. Y Antonio Jiménez, hasta hace nada en todas las quinielas como candidato a dirigir Radio Nacional de España, no me parece un buen ejemplo. Suerte que parece haberse confirmado que permanecerá al menos una temporada más en Intereconomía.

Y también debe tener los mejores contenidos de producción propia y ajena, y sobre todo aquellos que no tienen cabida en las cadenas privadas, para garantizar que el panorama televisivo de nuestro país (compuesto por todas las cadenas, públicas y privadas) sea para todos, y no sólo para los afines a uno u otro partido. Espero que la cobertura de los Juegos Olímpicos de 2012 esté a la altura; yo por si acaso procuraré seguirlos vía BBC (¿los emitirán en directo y para todo el mundo vía su Web? No tengo un iPad para suscribirme a iPlayer).

Un párrafo como nota al margen. La financiación de RTVE puede suponer un problema para muchos. Yo reconozco que soy partidario de la no vuelta de la publicidad precisamente para que la cadena no sea su esclavo. Actualmente RTVE se financia a partir de una tasa impuesta a los operadores, a las cadenas privadas (que se han beneficiado del fin de la publicidad en RTVE) y a través de una tasa impuesta por el estado, además de por una subvención. ¿Falta dinero? Por proponer, una financiación como la de la BBC (a través de un impuesto por cada televisor; matizando que en lugar de por televisor fuera por decodificador) me parecería bien si eso garantizara contenidos de calidad (y por de calidad me refiero a los que expuse en el párrafo anterior).

Lo único que querría es que RTVE no se convirtiera en mero altavoz del gobierno, que dé voz a todos. Una lectura recomendada y relacionada: RNE RIP, por Javier Pérez de Albéniz. También imperdible, Seis motivos por los que creer en Radio Televisión Española.

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