⍟ He salvado mis AirPods Pro 2
08/07/2026 (477 palabras, aprox. 3 minutos de lectura.)
Una de mis opiniones en cuanto a productos tecnológicos es que, al menos en mi caso, los AirPods Pro son a la vez el mejor y el peor producto de Apple. La cantidad de magias que incluyen hace que, en cuanto te acostumbras a ellas, sean casi insustituibles. Y sin embargo duran muy poco y, por lo menos en mi caso, tienden a averiarse con bastante facilidad. Este es mi sexto par de auriculares; tuve cuatro pares de AirPods Pro de primera generación que fueron sustituyéndome por sucesivos problemas. Y en enero me cambiaron tras un año de uso los AirPods Pro 2, aunque en este caso reconozco que un accidente de lavandería tuvo que ver.
El caso es que, estando ya fuera del periodo de reparación, uno de mis auriculares dejó de cargar. El derecho. Y pocas cosas hay más frustrantes cuando quieras escuchar música y no tienes los dos auriculares (demasiadas tardes doblando el cable cuando el auricular estaba un poco de aquella manera). Una llamada al servicio de atención al cliente de Apple y una visita al taller más cercano a mi casa (a unos 50 kilómetros) me confirmó que la reparación sería de un mínimo de 120€, por el reemplazo de un auricular o la caja de carga. Evidentemente no estoy dispuesto a gastarme ese dinero.
Conseguí recuperar un par de auriculares Nothing Ear (1) que compré hace años y que traspasé a un familiar (y que resulta que no usaba porque no se acostumbraba a ellos). Y, aunque sonaban bien, echaba de menos muchas de las magias de los AirPods. Los gestos de cabeza para descartar notificaciones, “Oye Siri”, el cambio inteligente de dispositivos, el conectarlos fácilmente con el Apple Watch…
El caso es que yo seguía con la mosca detrás de la oreja con los AirPods. Y me dio por pensar que en casa tengo agua destilada por otras razones, y que el agua destilada no conduce la electricidad. ¿Y si me la jugaba a limpiar los auriculares con agua destilada? Total, peor no iba a ir y no tenía nada que perder en realidad. Así que mojé un bastoncito en un taponcito de agua destilada y limpié bien los contactos. No era la primera vez que lo hacía, pero sí la primera vez que lo hacía “en húmedo”. Y… mano de santo. El auricular derecho vuelve a cargar y suenan tan bien como han sonado siempre.
Así salvé los auriculares. Eso sí: mucho tiene que cambiar el panorama para que me plantée, llegado el momento, comprar otro par. La primera vez fue culpa suya. La sexta ya ha sido culpa mía. Y estupendo haber averiguado que en el taller de Apple han preferido intentar venderme el recambio antes de intentar limpiarme los auriculares. Lección aprendida también ahí.
Imagen superior: CC0 licensed photo by Tanbir Ahmod from the WordPress Photo Directory.