#198: algunas sensaciones vacacionales

27/07/2026 (520 palabras, aprox. 3 minutos de lectura.)

Estas palabras las estoy escribiendo al vuelo, casi en una especie de ejercicio de escritura automática, en el porche del bungalow en el que me estoy alojando unos días. Hace sol. El paisaje está ligeramente turbio y huele raro, quizá por el humo de los incendios de Ávila, que aunque no están cerca de donde estoy, sí está suficientemente cerca y es suficientemente grande como para que se note. Esta zona ya se quemó el año pasado, poco después de haber pasado unos días de asueto también.

De fondo está sonando uno de mis discos de cabecera: el larga duración de Vacación, “Tiempo compartido”. Cuando se termine va a sonar el Spanish Leather de Guitarricadelafuente. Ya sabéis, el midsummer state of mind. Hay música atemporal pero que a la vez es estacional, y creo que ambos grupos se meten dentro de este grupo. Tengo una olla al fuego y le quedan unos minutos para tener que apartarla; no sé si hoy o mañana comeremos ensalada de pasta y los macarrones tienen que estar fríos para entonces. Vamos a asar carne para cenar.

Acabo de ver que una de las perritas que hemos traído con nosotros está estirada al sol, absolutamente tronchada. Es un teckel y hace honor al otro nombre de su raza: literalmente está siendo un perrito caliente. Quién fuera perro. Se escuchan algunos vecinos pero no hay jaleo en general. Y, si se repite el día de ayer, es muy probable que estemos solos en el río. Tengo localizada, además, una piedra dentro del agua donde es muy cómodo echar la siesta. El sol queda a la espalda por lo que uno no se deslumbra. El río está fresco pero la verdad es que revitaliza y, una vez dentro, no dan ganas de salir. Hay peces a tu alrededor y, si te quedas suficientemente quieto, mordisquean de tu piel. Poco, claro.

El camping está más tranquilo que el año pasado. Hay gente, pero no tanto jaleo. Salvo los niños del bungalow de al lado, que anoche estuvieron enredando hasta que les llamaron la atención por la noche. Todos hemos sido chavales, a todos nos ha pasado. En general la gente es simpática y aquí siempre se saluda cuando te cruzas con alguien. El “buenos días”/“buenas tardes” es ley.

Tuve la idea de traerme el iPad como forma de estar ligeramente conectado con el mundo los pocos momentos en que decida no estar vegetando a la orilla del río, y pienso que ha sido buena idea. Pensé también en traerme una libreta y ser la persona que escribe o dibuja en una silla a la orilla del río. La idea parece bucólica y terriblemente aesthetic; la realidad es que cuando estoy a la orilla del río estoy más pendiente de otras cosas que de esto. Y que tampoco dibujo bien. Aunque a lo mejor es mejor dibujar mal que no dibujar, igual que es mejor escribir (de la forma que sea) que no escribir. No sé.

Tener Internet en todos lados es un poco conveniente, y me hace pensar que en realidad tampoco es necesario.

Me voy al río.