⍟ El momento adecuado

16/06/2026 (664 palabras, aprox. 4 minutos de lectura.)

El verano pasado compré el perfume de verano de Ffern, el del corto que os enseñé (y que me sigue encantando). Me sedujo la propuesta y ese anuncio, lo reconozco. Son 100€ al trimestre; no es barato pero es cierto que llevo tiempo con ganas de un perfume en condiciones para situaciones especiales, y como te ofrecen un kit para olerlo y devolverlo sin compromiso, decidí lanzarme. Y cuando me llegó y olí el tester vi que era un perfume que olía bien, pero pensé que no era para mí. Lo devolví, me devolvieron el dinero, y no pasó nada más.

Y el caso es que hace poco me encontré con el tester y una piedra de arcilla para oler, y al volver a olerlo este verano reconozco que me arrepiento un poco de haberlo devuelto, porque ahora sí creo que podría ser para mí. Tampoco es un drama ni nada importante, las cosas como son, pero si me hubiera quedado la botella grande de perfume probablemente la estaría usando. Y me duraría años, claro, porque estos perfumes son para usar en poca cantidad.

Es un ejemplo de algo que cada vez estoy pensando más. Muchas veces pensamos que no es el momento para algo y lo dejamos pasar, por razones bastante diversas, y tiempo más tarde nos lamentamos. Ocurre en muchos ámbitos de la vida: a oportunidades formativas o laborales, a planes de ocio, a oportunidades de negocio, a relaciones personales, incluso a cuestiones románticas. No tienen por qué ser malas decisiones, incluso si con el tiempo vemos que los resultados no son los mejores o que deberíamos haber hecho tal o cual cosa.

Creo que no tiene sentido lamentarse por estas decisiones. Nos responsabilizamos de ellas y tienen consecuencias, por supuesto, pero no comprar una casa por no considerarnos en una situación financiera suficientemente estable o no embarcarnos en una relación seria por no pensar que estamos en un momento emocional adecuado no es malo. Al contrario: es una decisión que, al menos a corto plazo, nos trae tranquilidad. Y la paz y la tranquilidad es algo que yo personalmente valoro cada vez más.

También ocurre al contrario: cuando estás en un estado de ánimo y en un momento de tu vida en el que dices que sí a todo, sin reflexionar y dejándote fluir, sin duda terminas muchas historias que contar y vives muchas aventuras, aunque no siempre se tomen las mejores decisiones, una vez se toma perspectiva y se reflexiona. Y yo, que a veces pienso más de lo que debería (o eso pienso al menos), creo que a veces he cogido trenes que no hubiera pasado nada por dejar pasar y retomar unos años más tarde, con más madurez, más conocimiento o más perspectiva.

Cuando eres joven a veces quieres crecer demasiado rápido y al final llega un momento en el que hay que retomar algunas experiencias que dejaste pasar con la edad que tocaba. Yo a veces pienso que ojalá me hubiera podido ir de Erasmus, ojalá haber vivido más tiempo en el extranjero. Una palabra maldita: ojalá, ojalá, ojalá. Igual que pienso eso, pienso que en cada momento tomé la decisión que en ese momento me pareció más adecuada y, visto que el tiempo no se puede rebobinar y que las consecuencias son manejables, no creo que merezca la pena tampoco martirizarse por estas decisiones. No me arrepiento, aunque eche de menos esas experiencias.

Si ahora me dicen de irme de Erasmus (aunque sea en su modo laboral, algo como irme a hacer un proyecto de unos meses a otra ciudad u otro país), probablemente aceptara sin dudarlo mucho. Porque reconozco que ahora estoy en un momento de mi vida en el que tiendo a decir que sí. Con algo más de cabeza, con algo más de perspectiva y con algo más de experiencia que hace diez años, como es natural. Pero sí. Ahora a lo mejor sí es el momento.

Foto de Greg Rosenke en Unsplash