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Las conversaciones, que se las lleve el viento

Llevo unos días dándole vueltas a esta pequeña idea que ha surgido después de darme por mirar la carpeta de «Chat» de Gmail, o el historial de Facebook o de Tuenti. Imagen por LaFundició.

Charlando

Algo muy especial que tienen las conversaciones, sobre todo aquellas que se mantenían antes del boom de los smartphones y los chats por Internet, era que tarde o temprano se las llevaba el viento, y solo quedaba el recuerdo que tenemos de ellas. Es una idea que me parece, incluso, algo romántica.

No obstante desde que todos usamos WhatsApp, Line, Facebook o la aplicación de turno para hablar es más que habitual que se guarde un registro informático de muchas de las cosas que hablamos, sobre todo cuando no estamos físicamente delante de esa persona. Y eso, aunque en ciertas ocasiones puede llegar a ser útil, no me parece romántico. Nos cargamos una de las cosas más bonitas de una conversación, de una charla: que pasado el tiempo no queda más que lo que nosotros recordamos sobre ellas.

Tengo bellísimos recuerdos de charlas interminables que tuve con amigos hace años. Recuerdos maravillosos que no quiero que desaparezcan, y que no van a desaparecer de mi memoria. Pero no necesito que esas conversaciones inolvidables estén guardadas en la memoria de un ordenador: ya me encargaré yo de recordarlas y sonreír, pasado el tiempo.

Por mi parte creo que voy a desactivar todos esos registros. Prefiero quedarme con las partes bonitas de mis conversaciones, y para eso no necesito ordenador alguno.

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