Es muy curioso cómo, por ejemplo, cuando contamos a alguien que hemos pasado esa noche programando una nueva funcionalidad en alguna aplicación, otros podrían quedarse extrañados, asombrados o mirarnos como si estuviéramos locos. Sin embargo un programador comprendería exactamente por qué y, de hecho, probablemente haya hecho lo mismo. Porque para muchos programadores (por lo menos para los vocacionales), programar es un estilo de vida, no es únicamente un trabajo en el que estás un cierto tiempo, haces un turno, te vas y te olvidas. Y es quizá una de las mejores cosas que encuentro a esta profesión.

Los que me seguís por Twitter o mis amigos de Facebook ya sabréis que llevo seis días en España, tras volver de Turquía, de actuar en el Golden Karagöz. La experiencia me ha encantado, he conocido gente magnífica, Bursa es una ciudad preciosa, Estambul también (pero no es para mí) y el viaje habría sido magnífico de no haber sido por aquel problema con el avión que nos obligó a quedarnos allí un día más de lo debido. Parece poco pero para alguien que ya iba acojonado por el avión, desde luego, no fue plato de buen gusto.

Sea lo que sea, una experiencia inolvidable. Sin ninguna duda.

Entre el 7 y el 12 de julio tendré el honor de participar en la edición de este año del Golden Karagöz, una competición de baile y música folklórica en Bursa (Turquía), junto a grupos de otros 24 países. No sé si me veréis en Twitter, Facebook y demases (y si me veis puede que sea programado). No sé si tendré Internet allí. Lo que sí está claro es que el 15 de julio estoy otra vez por aquí.