Ya termino. ¿Y ahora qué?

De vez en cuando escribo para una revista llamada Y ahora qué. Están en mi memoria desde hace bastante tiempo y textos míos han formado parte de alguna de sus ediciones impresas. Hace unas semanas escribí para ellos este texto. Lo reproduzco íntegro.

No sé si a alguno de los que estáis leyendo esto os habrá pasado. Si todo va bien, en pocos meses habré defendido mi trabajo de fin de grado y, por tanto, habré terminado mi carrera. He invertido los seis últimos años de mi vida (parece mentira que haya pasado tanto tiempo, la verdad) en formarme como, en mi caso, informático, y ahora que veo el final cada vez más cerca siento cada vez más vértigo.

Vamos a ser claros: se está muy cómodo siendo universitario. Tenemos una responsabilidad muy flexible de la que únicamente rendimos resultado cada varios meses, muchas veces no tenemos que preocuparnos por temas como pagar el alquiler o los gastos de la casa, a veces incluso seguimos viviendo con nuestros padres. Además, vamos a ser claros: estudiar mola, y más si estamos estudiando lo que nos gusta.

Cuando acabemos la carrera tenemos un dilema importante: ¿master o no? Complementar nuestra formación es importante, y la verdad es que una manera estupenda de salpimentar nuestro currículum vitae es añadir un título de este tipo, sobre todo si son especializados en un sector en alza. Otras certificaciones tampoco vendrían nada mal.

Vivir de estudiar sería maravilloso, las cosas como son. Pero no todos podemos. La realidad es que muchas veces la situación financiera en casa no está como para pagar una matrícula de master (que es bastante más cara que una matrícula de grado), y no todos optaríamos a beca. Por lo que el camino parece claro: obtener nuestro título y buscar un trabajo.

Pasar al mercado laboral es algo que da miedo. Es tener una responsabilidad: la de entregar trabajo para evitar ser despedidos u optar a un ascenso o a un aumento de sueldo (o a ambos). Si nos atrevemos, quizá incluso decidamos independizarnos, y pasaríamos a pagar un alquiler o la cuota de una hipoteca. Quizá decidiríamos, incluso, embarcarnos en proyectos más y más grandes. No obstante tenemos que asumir que es inevitable.

En mi caso me da miedo porque considero que en mi carrera no he aprendido todo lo que voy a necesitar en mi vida laboral. Pero bien mirado es normal: no puedo aprender en cuatro años lo que voy a usar durante toda mi vida. Voy a tener que aprender durante toda mi vida, y la carrera justamente me ha servido para aprender a aprender, para coger un libro y ser capaz de comprender y de utilizar sus conocimientos. Estoy seguro de que os pasa lo mismo.

Todo lo que puedo deciros es que no tengáis miedo a cambiar de ciclo. Es normal temerlo pero también es inevitable. Así que cogedlo con ilusión.

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