Me compré hace casi cuatro años un MacBook Pro. En aquel momento era el modelo básico: Intel Core i5, 8GB de RAM… y 128GB de disco. Y esto último es lo que me ha resultado más problemático desde siempre.

Después de cuatro años tuve una duda bastante razonable: ¿intento ampliar mi ordenador actual o me compro uno nuevo? Y ante la pereza de gastarme más de 2000€ en el ordenador que estimo que me apetecería tener, he decidido invertir poco más de 300 en un SSD de 480 gigas para no volver a tener el problema que he tenido desde siempre con este ordenador. Porque funcionar sigue funcionando perfectamente.

Eso sí, el proceso no ha sido tan straight-forward como esperaba que fuera. Os dejo un par de notas al respecto.

¿Qué disco elegir?

Lo primero que hay que tener claro es que esto ya no es como hace diez años (aún recuerdo cuando le puse un disco SATA a mi sobremesa): los discos son mucho más pequeños y hay que estar un tanto atentos a qué podemos pinchar. No es lo mismo un disco M.2 que un disco PCI-E, como es el caso del que he tenido que poner.

Además, en los MacBook Pro de última generación no puede cambiarse el disco (y de ahí los lereles que pensaba gastarme en mi próximo portátil).

En mi caso me he decidido por un OWC Aura Pro X de 480 gigas. En cuanto a capacidad estimo que me resultará suficiente (no uso el disco del portátil como medio de almacenamiento masivo) y en cuanto a rendimiento promete bastante.

Lo he comprado en un kit que venía con los dos destornilladores necesarios (el de la carcasa del ordenador y el del propio disco, que va atornillado) y con una práctica carcasa USB 3.1 para poner el disco antiguo, que en mi caso sigue funcionando perfectamente.

¿Cómo se instala?

El proceso a priori parece bastante sencillo:

  • Quitar la tapa trasera quitando los diez tornillos que la sujetan
  • Localizar el SSD, desatornillarlo y (con cuidado sacarlo)
  • (Con cuidado) pinchar el nuevo SSD, y atornillarlo
  • Atornillar la tapa
  • Instalar el sistema operativo

No es tan sencillo. En la propia caja viene un aviso de que el disco precisa como mínimo macOS 10.13.6 o macOS 10.14, y el sistema de recuperación del sistema de mi ordenador es… 10.10, por lo que no reconocía el disco. Simplemente no aparecía.

Después de cagarme por la pata abajo asustarme un poco veo que la solución realmente es sencilla: tener un disco de instalación de macOS Mojave en un USB, arrancar desde él, instalar el sistema y ya recuperar la información. Conseguid esta unidad USB con Mojave antes de cambiar los discos duros, esto os facilitará mucho el proceso.

Recuperar la información del disco antiguo ha sido una delicia. Ha bastado tenerlo montado en la carcasa y conectado al ordenador para que el propio instalador de Mojave me ofreciera la opción de importar la información, como si fuera un backup de Time Machine. Me ha pedido la contraseña de la cuenta de usuario y luego solo he tenido que esperar. Todo correcto.

¿Funciona bien?

Funciona de maravilla. No he conseguido hacer un benchmark pero durante la instalación he visto velocidades de escritura de más de 100 megabytes por segundo, lo que me parece, sinceramente, impresionante. Y una vez instalado el sistema va como un tiro, como siempre, pero sin la preocupación de quedarme sin disco en cualquier momento y tener que empezar a borrar programas.

La carcasa con el disco antiguo también funciona de maravilla, aunque si algo hay que decir en su contra, diré que se calienta una barbaridad.

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2 comentarios

  1. La verdad es que un SSD es una gozada se mire por donde se mire y, aunque la diferencia no es tan abismal como cuando se salta de HDD a SSD, las nuevas generaciones de sólidos vienen siendo mucho más rápidas en lectura y escritura a un precio mucho mejor que años atrás. Ya realicé un cambio de estos en mi anterior Mac Mini y, cuando compré el iMac 27″ no pude resistirme a quitarle los 128Gb y cambiarlos por 1Tb, probablemente de las mejores decisiones para darle una segunda vida a un ordenador que sigue aguantando batallas.

    1. En mi caso sobre todo el cambio no es tanto en rendimiento, que el SSD de mi MacBook Pro ya era muy rápido. El cambio era por capacidad. Pero sí, en cualquier caso es una gozada.

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