Un día más

Un día más, me despierto con el canto de los gallos y el trino de los pájaros en la mañana. Un día más, me despierto con un cielo azul como ninguno, un aire que dista mucho de ser fresco (sobre todo en ésta época del año) y un aroma a café recién hecho.

Tras mis abluciones matutinas y los saludos pertinentes, salgo a hacer los recados pertinentes. La tecnología no ha avanzado lo suficiente como para que la nevera se llene por su cuenta.

Todo el mundo te saluda, todo el mundo sabe quien eres y te desea buenos días, te dice que “andes con dios” o te desea que trabajes mucho. O por lo menos te hace un gesto con la cabeza. Nadie tiene un malo deseo hacia ti. O al menos no lo aparenta.

El calor empieza a apretar pero no importa. Si te ves con ganas, puedes ir a la piscina, o simplemente puedes recogerte en casa y leer un buen libro con una bebida fresca. A mí, ahora mismo, me está dando por tomar té verde con hielo mientras escribo. Me da la vida.

Y, después de comer, al café al bar de toda la vida, donde toda la gente tiene algo que decir y se habla de todo. No hace falta ni que pidas lo que quieres: cuando te ven entrar, la camarera automáticamente sabe que quieres un café con leche y un vaso con hielo. Allí puedes echar las horas jugando a los dardos, leyendo un libro o, como es mi caso, trabajando.

Al caer el sol puedes aprovechar para salir a la calle sin temor a que se te derrita el móvil en el bolsillo o, peor, las zapatillas (se ha dado el caso). No es difícil ver a la gente en las plazoletas, con pantalón corto y nada más, probablemente hablando de sus cosas.

Cada vez se ven menos señoras cosiendo en la calle a la apenas brillante luz de la puesta de sol. Y es una pena.

Una suerte que tenemos los que vivimos en un pueblo como el mío es que podemos salir a la calle, andar apenas cinco minutos y alejarnos lo suficiente de la civilización (y sus infames luces por las calles) como para poder ver las estrellas. Estoy esperando a la próxima lluvia de estrellas fugaces.

Pensando en esto pude dormir anoche, y sabiendo de sobra que el día siguiente sería exactamente igual al anterior. Que así sea por mucho tiempo.

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