Ahora mismo, en la ciudad donde vivo (Cáceres, como sabéis) y en los alrededores no hay nada que se parezca a electricidad. Hay un apagón general que afecta a una ciudad entera. Este articulo lo he escrito utilizando mi teléfono móvil, pido disculpas por cualquier pifia lingüística que hayáis podido observar

Dejando a un lado la cantidad de nacimientos que habrá a principios-mediados de septiembre de 2013, hay algo que me ha parecido llamativo y que he acabado experimentando yo mismo. Y es lo dependientes que somos de unos recursos generados por una serie de empresas, que al fin y al cabo no nos pertenecen y que pueden retirarnos en cualquier momento.

Lejos de mi intención crear alarma social. Solo quiero reflexionar sobre un detalle bastante curioso. Y es que por una avería, seguramente un interruptor que alguien habrá olvidado accionar, no puedo cocinar, no puedo tener agua caliente, no puedo calentarme ni calentar la casa. Como yo, muchos más. Y no hablemos de mi profesión: soy informático. Sin electricidad, directamente, no puedo trabajar.

En momentos como este admiro a mi madre o mi abuela. Sobre todo a mi abuela. Ha vivido en tiempos en los que no existían estos servicios (para bien o para mal, han dejado de ser un lujo) y estoy seguro de que, si se viera en una de estas situaciones, no dudaría en encender su brasero de picón para no pasar frío mientras cose y hace café a su fuego de leña, tranquilamente sentada en su casa.

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