Ante todo, primero el disclaimer: soy un ciudadano más y hablo como tal. Y, segundo disclaimer: ruego me perdonéis las faltas ortográficas, estoy escribiendo en la BlackBerry.
Las noticias sobre las presuntas tramas de corrupción (del PP o del PSOE, me es totalmente indiferente) no hacen otra cosa que amargarme hasta la mejor comida. Ver que la gente considera el servir al resto de ciudadanos como un negocio (y nada más)… Se desvirtúa la democracia.
Para mí ser político (además de ser un trabajo y como tal ser bien retribuido) no es estar chupando del bote toda la vida, yo o mis amigos. De ser yo político alguna vez (que a estas alturas lo dudo) procuraría no ser infiel a mis ideales, a mis promesas. No traicionaría a mis electores.
Reconozco que ahora las circunstancias requieren de trabajo y esfuerzo extra por parte de todos. Pero ese ‘todos’ incluye algo: que los que más tienen y los que más cobran a final de mes contribuyan más. No es ser patriota tener tu dinero guardado en Suiza para evadir impuestos. O pagar y cobrar en negro para evitar pagar a Hacienda. O, mientras cobras el paro, trabajar y cobrar bajo cuerda para, además, aprovechar y cobrar las becas de educación.
Hacienda somos todos: sanidad, educación, pensiones, ayudas a desfavorecidos, becas para estudiantes, seguridad ciudadana, infraestructuras. Todo eso se financia con nuestros impuestos. Y, ojo, no vale decir que ‘como yo llevo a mi niño a un colegio privado no pago impuestos’. Somos más de 46 millones, y todos debemos ayudarnos a salir del hoyo. Seamos ricos o no tan ricos, estudiemos en lo público o lo privado, tengamos plan de pensiones con un banco o con la Seguridad Social. Todos somos españoles. Por desgracia la picaresca es generalizada, y los honrados escasean. El que puede trincar, trinca; el que puede ahorrarse impuestos, lo hace. Sin importar nada más.
Eso sí, añado: no estoy de acuerdo con los recortes a las pensiones o a la sanidad mientras seguimos gastándonos millonadas en propaganda, mientras nuestros diputados cobran en dietas una burrada (comparado con el grueso de la población) para no ir a trabajar, o hacen oidos sordos a los escándalos de corrupción al ser de su partido, o mientras nuestros líderes políticos prefieren increparse mutuamente cual escolares a trabajar juntos para mejorar nuestra situación. Reitero: la de todos. Y, al ser políticos, se supone que con el cargo adquieren un compromiso para mejorar la vida de sus ciudadanos, ¿no?
Tiene huevos, desde luego, que solo estemos unidos por el puñetero fútbol. Estoy bien seguro de que una semana después del final del Mundial seremos tan egoístas como antes de empezar el campeonato.