Ya termino. ¿Y ahora qué?

De vez en cuando escribo para una revista llamada Y ahora qué. Están en mi memoria desde hace bastante tiempo y textos míos han formado parte de alguna de sus ediciones impresas. Hace unas semanas escribí para ellos este texto. Lo reproduzco íntegro.

No sé si a alguno de los que estáis leyendo esto os habrá pasado. Si todo va bien, en pocos meses habré defendido mi trabajo de fin de grado y, por tanto, habré terminado mi carrera. He invertido los seis últimos años de mi vida (parece mentira que haya pasado tanto tiempo, la verdad) en formarme como, en mi caso, informático, y ahora que veo el final cada vez más cerca siento cada vez más vértigo.

Vamos a ser claros: se está muy cómodo siendo universitario. Tenemos una responsabilidad muy flexible de la que únicamente rendimos resultado cada varios meses, muchas veces no tenemos que preocuparnos por temas como pagar el alquiler o los gastos de la casa, a veces incluso seguimos viviendo con nuestros padres. Además, vamos a ser claros: estudiar mola, y más si estamos estudiando lo que nos gusta.

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Es cuestión de tiempo

En alguna ocasión he escrito artículos supuestamente motivadores para mis futuros compañeros de universidad, tanto en esta como en otras tribunas. Pero no quiero dejar pasar la oportunidad de escribir otro más. Porque sí. Porque yo lo valgo.

En la UEx el curso comienza muy pronto, no queda ni un mes; el 9 de septiembre, de hecho, puede que ya tengamos clases. Y muchos están ultimando ya los preparativos para irse a Cáceres o Badajoz si hace falta, buscando piso, compañeros de piso, adquiriendo materiales, etcétera. Es un suceso importante tanto para los hijos, que van a empezar una nueva etapa, como para los padres, que también, aunque de otro tipo.

Solo quiero realizar un par de comentarios a cada uno.

A los hijos: disfrutad de vuestra época universitaria. No vais a tener otra y es preciosa, estresante, irrepetible, terrorífica y apasionante. Todo al mismo tiempo. No temáis conocer gente nueva. Trabajad, estudiad y haced todo lo que tengáis que hacer, pero tened en cuenta que hay mucha universidad fuera de las aulas y de los libros, y que muchas veces también es muy enriquecedora.

A los padres: no estéis todo el día encima de los chavales. Tienen que equivocarse, y cuando ocurra ya se verán las posibles soluciones. Yo me equivoqué, levanté la cabeza como pude y seguí adelante. El mundo no se acaba, aunque a veces lo parezca. También tienen que vivir. A la universidad se va a estudiar, por supuesto, pero también se va a vivir.

No puedo dejar de recomendaros tampoco el dossier elaborado por la revista Y ahora qué, con “cien consejos para los que se van a la universidad”. Yo no los comparto todos, pero sí la gran mayoría. La imagen superior, por cierto, es de Lauren Manning y fue compartida en Flickr con licencia CC-BY 2.0.

Ideal para sentirse vivo

Como es de esperar, en estas fechas, todos los universitarios nos enfrentamos a algo decisivo para, probablemente, nuestro futuro: los exámenes finales. En la Universidad de Extremadura, según el calendario académico, el periodo de exámenes comienza precisamente mañana. Aunque no podemos decir que hasta ahora hayamos estado relajados. Después de estar asediados a trabajos de evaluación continua (nótese la exageración), debemos enfrentarnos a los exámenes finales. ¿Alguien más ve la incongruencia?

El caso, realmente, es que toca pelear con las dificultades que se nos plantean. Para bien o para mal, la vida acabará siendo así: pelear contra las dificultades que se nos presenten delante y salir todo lo airosos que podamos. Y que conste: lo hago con gusto. No hay nada que me guste más que un reto.

Únicamente quiero desear a todos mis compañeros (y a los que no son mis compañeros pero también se enfrentan a lo mismo) que se sientan vivos peleando con lo que tienen delante ahora mismo. No nos martiricemos: podemos con ello. Si hay titulados de una carrera, nosotros podemos titularnos también.

Cinco consejos para que tu paso a la universidad no sea traumático

Universidad de Deusto (Imagen por Raúl Hernández González)
Universidad de Deusto (Imagen por Raúl Hernández González)

Para muchos de nosotros, terminar el actual bachillerato y comenzar la universidad supone un cambio radical en nuestras vidas. Muchos de nosotros tenemos que mudarnos de ciudad, vivir a una distancia razonable de la que durante muchos años ha sido nuestra casa, buscar nuevas amistades, empezar a movernos por ambientes que no conocemos, a valernos por nosotros mismos. Muchos, incluso, empezamos a vivir sin padres ni hermanos en casa. Continuar leyendo “Cinco consejos para que tu paso a la universidad no sea traumático”

Un mensaje a los recién llegados a la universidad: no os rindáis

Disclaimer: pienso hablar desde mi experiencia más personal, procurando no caer en tópicos. No obstante, si veis que en algún momento de esta publicación fallo en mi propósito, no lo dudéis y corregidme. No es ese el mensaje que quiero mandar a mis “novatos”. La imagen, por cierto, es de velkr0 y está distribuida bajo la licencia Creative Commons. 

Hoy querría, si me lo permitís, enviar un mensaje a todos aquellos que han empezado la universidad y que llevan dos meses de clase. Estoy seguro de que, a estas alturas del curso, muchos de vosotros estaréis agobiados a causa de la multitud de trabajo que vuestros profesores os han puesto, e incluso habréis hecho (y quizá suspendido) vuestros primeros exámenes parciales. De hecho dentro de poco se empezará a notar la clásica despoblación en las aulas de las distintas facultades.

Quiero mandar un mensaje muy claro a todos los universitarios que estén agobiados y que se estén planteando dejarlo: no os rindáis. Queda mucho curso (siete meses nada menos), quedan muchas cosas por hacer y estoy seguro de que dedicar este año a estudiar en la Universidad, aunque los resultados académicos dejen que desear, habrá merecido la pena.

Quizá muchos hayan visto que esto no es lo que se esperaban, que esto es como ir al instituto, pero más grande y con más gente (todos tenemos la imagen de universidad norteamericana, con sus hermandades, la vida dentro del campus… En Cáceres, por ejemplo, eso no se da). Quizá muchos se esperaban que esto fuera a ser más fácil de lo que es, y las cosas como son, en una carrera universitaria hay que trabajar y mucho (aunque tengo la teoría de que todos, con el esfuerzo necesario, seríamos capaces de hacer cualquier cosa).

Pero pensad por un momento en por qué habéis venido a la universidad. Pensad en las razones que os han llevado, en muchos casos, a iros de vuestro pueblo o ciudad natal, a estableceros en la ciudad que mejor os haya venido y a matricularos en esa carrera concreta. Pensad en vuestra meta, y en lo que queréis ser. Quizá así tengáis fuerzas para, por lo menos, intentarlo, y quizá por el camino cambiar algunos hábitos de vida (esos jueves universitarios…).

Confieso que, en mi caso, hacer la carrera que estoy haciendo es pura vocación (aunque tuve mi “crisis de los diecisiete” y estuve a punto de acabar en Madrid haciendo periodismo) y quizá para mí sea más fácil sacar fuerzas para plantarme en mi escuela cada mañana. Aunque hay mañanas que tengo que repetirme, cual mantra, las dos frases en las que más pensé el año pasado (que parece que va a ser, incluso, menos duro que este en el que estoy). «Estoy aquí porque quiero. Yo lo he elegido».