WordPress cada vez parece más un burdel

Publicado originalmente en mi blog paralelo de tecnología, The Beta Times.

En el titular digo burdel por no decir una palabra malsonante. Todos los que trabajamos con WordPress a diario hemos visto cómo, día tras día, año tras año y versión tras versión, el que otrora fue el CMS rey de los blogs se ha transformado en un ejemplo perfecto de uno de los refranes más conocidos: “el que mucho abarca, poco aprieta”.

WordPress, para muchos, no es un CMS para blogs. Es un CMS sin más. Y poco importa que haya que empotrarle otro CMS entero si lo que quieres es montar una tienda online: vamos a usar WordPress. ¿Quieres una galería de fotos? Usa WordPress. ¿Sólo quieres una página con un mapa y la dirección de tu empresa? Usa WordPress, que es lo que usa todo el mundo. Y eso es un problema.

  1. WordPress, aunque podría servir para una web sencilla acoplando páginas estáticas, tiene sus puntos fuertes en el manejo de blogs. Podemos incluir sites de noticias más o menos pequeños en cuanto a estructura. TechCrunch, por ejemplo, es uno de los usuarios de WordPress más prominentes, aunque si pagas por WordPress.com VIP es normal que todo vaya como la seda.
    Usar WordPress para tener cuatro páginas es matar moscas a cañonazos. Hay decenas de CMS generalistas que pueden ser usados para todo tipo de proyectos sencillos. Y no todos tienen que ser el mastodonte que es Drupal. Concrete5, por ejemplo, es bastante chulo.
  2. Todos deberíamos plantearnos que, si tenemos que poner treinta complementos a WordPress para que nuestra Web haga algo parecido a lo que queremos, quizá WordPress no es la mejor opción. Además, hay treinta veces más posibilidades de que algo pete y se lleve por delante lo demás. Para proyectos complejos que no sean parecidos al planteamiento de WordPress quizá deberíamos plantearnos, precisamente, Drupal combinado -o no- con desarrollos propios.

Podemos integrar software, podemos acoplarlo para que distintas partes de nuestra Web hablen entre sí sin que tengan que estar todas dentro de un CMS hinchado que acaba siendo algo parecido a esto y que falle en el momento más inoportuno (como una actualización).

Lo bueno: que es open source

Una cosa buena que sí que tiene WordPress, aunque en estos momentos no esté (bajo mi punto de vista) en su mejor momento, es que es de código abierto. Cualquier valiente puede atreverse a tomar su código fuentearmarse con el Codex y hacer un fork que arregle todo lo que no le parezca bien. Es más: fue como nació WordPress, a partir de b2/cafelog.

Aunque, por otro lado, WordPress es un proyecto antiguo (doce años en edad de Internet es mucho tiempo) y Joey Saddington lo dejó claro en TorqueWordPress es difícil y él no lo va a re-desarrollar. Hay mucho código heredado y hay una enorme comunidad que depende de él.

Ni culpo a la comunidad de WordPress ni culpo a Automattic por estas cosas; surgen, desde mi punto de vista, de la evolución de un producto ampliamente utilizado por muchos tipos distintos de usuario.

El problema no es solo de los que usan WordPress para no-blogs

Echemos un vistazo a la portada del directorio de temas de WordPress.org. Aparte de unos cuantos temas normales vemos la mayor lacra a la que nos enfrentamos los bloggers de hoy: las empresas que no hacen blogs se han apoderado de WordPress. Temas como Canoe o Asteria (que yo mismo, vergonzosamente, he usado en un proyecto) dejan claro que lo que muchos buscan acaba siendo una portada con cuatro chorradas (pero bien cargadas de widgets) y que todo lo demás dé igual.

Es más, podemos ver el showcase de WordPress para ver que sí, que los desarrolladores (o implementadores de WordPress, tomando el título de este artículo de Tom McFarlin) se han decantado por usar esta plataforma para hacer de todo… menos blogs o sites de noticias, que es precisamente para lo que se creó WordPress.

El problema es que el propio desarrollo de WordPress parece haberse estancado, y que se esté enfocando más a ese tipo de sitios Web, dejando de innovar, por ejemplo, en el manejo de nuestros artículos. Esto ha propiciado que se iniciara hace algo de tiempo el desarrollo de otras plataformas como Ghost o Medium, que hacen de escribir y del manejo de nuestros sitios y artículos el centro de la experiencia.

¿Es momento de escapar a esas plataformas, que parecen mimar más nuestros textos?

Adiós, aplicaciones de Spotify, adiós

Spotify sin apps

Hoy me ha dado por abrir Spotify en el ordenador y me he dado cuenta de que la interfaz ha cambiado ligeramente, imagino que en la última actualización (en este momento estoy en la versión 1.0.1.1060). Botones nuevos abajo a la derecha (como uno para ver las letras de la canción en reproducción), una interfaz con más espacio, incluso casi vacía. Luego me dio por mirar a la barra lateral, y me he dado cuenta de que ha desaparecido por completo todo el ecosistema de aplicaciones de terceros dentro de Spotify.

Aquel engendro que llamaron Spotify Apps y que no era sino una plataforma para integrar webapps dentro del cliente de escritorio de Spotify (aprovechando que gran parte de su tecnología es Web) era, para mí, uno de sus verdaderos puntos fuertes, junto con el aspecto social de escuchar música que no han explotado tan bien como podrían (en mi humilde opinión, por supuesto). De hecho en 2011, cuando fue lanzada, me encontré con lo que en aquel momento vi como un auténtico game changer. De hecho se atrevían a autodefinirse como “un sistema operativo musicalContinuar leyendo “Adiós, aplicaciones de Spotify, adiós”

Rapidshare cierra; ¿a alguien le sorprende?

Os voy a ser sincero: cuando he visto esta noticia en Genbeta en la que anuncia el cierre de Rapidshare he pensado, casi automáticamente, “lo que no puedo creer es que siguiera abierto”. Rapidshare era uno de esos sitios de almacenaje de archivos que era para lo que era, para el tipo de archivo que era y para el tipo de descargas que era.

No puede colar como un sitio Web de copias de seguridad o para almacenar archivos personales, aunque en los últimos tiempos fuera lo que intentara. También lo intentó MEGA (después del cierre de  Megaupload digno de película de acción norteamericana), y prácticamente nadie parece utilizarlo para ello. En Commit Strip lo ilustran muy bien.

No voy a decir que me alegro de que cierre Rapidshare; si os soy sincero ni me va ni me viene, máxime cuando se trata de una decisión aparentemente empresarial (aunque, eso sí, después de soportar poco menos que asedio por parte de las autoridades y acabar siendo el más restrictivo de los cyberlockers).

Hoy un profesor me lo dejó muy claro: en Internet todo se cuenta en años de perro. Rapidshare llegó a ser una de las 50 páginas más visitadas de Internet, y seguro que durante mucho tiempo seguirás viendo a lo largo de Internet enlaces a archivos que alguna vez estuvieron almacenados allí, que el 31 de marzo dejarán de estar definitivamente disponibles (si es que aún funcionaban). Buen recopilatorio de su historia en TorrentFreak.

Demasiado tiempo al día

Hace unos días me instalé una aplicación llamada Quality Time en mi móvil. Su cometido es simple: contabilizar cuántas veces desbloqueo mi móvil al día, cuánto tiempo está activo y qué aplicaciones utilizo. Y me he dado cuenta de un detalle bastante llamativo, y que me sorprende: creo que uso demasiado el móvil.

Por decir una cifra (de las muchas de las que no me siento especialmente orgulloso), durante esta semana he utilizado el móvil durante más de 14 horas. Y no instalé la aplicación el lunes. ¿Dedicar cerca de tres horas al día al móvil? Me parece algo excesivo, sobre todo porque pocas veces lo uso para algo productivo.

Utilizo mi smartphone para comunicarme con mi familia, con mis amigos, con mi gente. Accedo a Internet por ocio, recibo de vez en cuando algún correo electrónico y uso redes sociales. Pero tres horas al día me parece demasiado. No lo considero una adicción; simplemente dedico demasiado tiempo de ocio al móvil y no a otro tipo de ocio que quizá me permita enriquecerme más.

Quality Time incluye una funcionalidad para permitirme obtener avisos emergentes cuando utilizo el móvil demasiado tiempo. Voy a poner, tentativamente, un límite de dos horas diarias. Ya es una reducción con respecto al tiempo que venía utilizándolo. Os contaré los resultados.