Más alumnos bocazas

¿Por qué éste post? Para contestar a Juankiblog, sin bajar el scroll de su blog 800 píxeles. Avisados quedáis, voy a explayarme.

Todos hemos tenido que lidiar en clase con cabestros de todo calibre. Por el mismo aula que el que aquí escribe ha pasado gente que hablaba, insultada, escupía, se peleaba en clase… Curiosamente en mi caso ha sido un grupo muy reducido de personas: uno o dos por año.

Muchas veces me da daba (por suerte desgracia edad ya no estudio allí) la impresión de que soy un insolidario, un intransigente con esos temas. Porque a mí me revienta especialmente que, si estoy tratando de dar clase y de aprender, haya un moscón por detrás jugando con el móvil (sin quitarle el sonido, por supuesto) o hablando con el de al lado. O conmigo en el peor de los casos, porque entonces suelo ir a por improperios. Así me fue, un asocial se me mirara por donde se me mirara. Continuar leyendo “Más alumnos bocazas”

De cómo un gesto infantil te hace llorar

Un fin de semana indeterminado vinieron unos familiares a pasar el fin de semana. Hacía bastantes años que no les veía (solemos coincidir, básicamente, en bodas, bautizos y comuniones, y la mayoría de las veces en los propios salones de banquete o en los templos donde se ritualiza todo aquello). La última vez que vinieron tenían a un chiquillo de 3-4 años (no recuerdo bien).

Cuando volvieron ví que el chiquillo de 3-4 años había crecido hasta convertirse en un chiquillo de 9, camino de la adolescencia (aunque todavía niño al fín y al cabo), y se había unido un pequeñín de otros 3 años. Los mayores estaban comiendo y los niños les incordiaban un poco, la verdad (bueno, les incordiaban: no hacían otra cosa que ser niños, corretear, jugar). Nunca fui partidario de reprimir al niño cuando simplemente molesta, cuando no hace ningún daño. Así que me cogí a los pequeños y me los llevé, primero a jugar a las cartas (un juego simple y que creo que es beneficioso para ellos, para no olvidar hábitos básicos y mejorar el cálculo mental: la escoba; simplemente coger cartas para sumar 15 con el número, sin tener cuenta palo ni nada más. Nosotros sumábamos 9, no era plan de sobrecargar al pequeño con números de dos cifras) y luego a ver una película. O dos, o las que se terciaran.

Pasando las horas fuimos haciendo buenas migas, nos llevábamos bien. Pero llegó el momento de despedirse; ellos tenían que partir a su hogar (viven en Madrid) y yo… bueno, aún vivía en Huertas por aquel entonces. Nos despedimos, dos besos a la madre, apretón de manos al padre, un choca esos cinco con el mayor… y fui a chocar la mano con el pequeño cuando, sin previo aviso, me extendió los brazos pidiendo un abrazo. Se me cayó el mundo encima; había conocido al pequeño un día antes y le daba pena despedirse; tanto para pedir que lo cogiera en alto y le diera un abrazo.

No lloré porque no era el momento, pero desde luego me emocioné como nunca antes me había pasado. Jamás, y repito, jamás me había pasado algo parecido. Todavía recuerdo la escena, los dos pequeños y yo tirados en el sofá viendo Madagascar 2… Aigs, se me escapa la lagrimilla.

Apoteósico final

19:15 – Para sumar dos números en coma flotant… zzzzzzzz

19:36 – Tengo que hacer algo, esto de quedarse frito tan frecuentemente no puede ser bueno…

20:56 – Parece que esto lo tengo más o menos controlado. A cenar.

21:03 – No puede ser. Que no sea bacalao, por favor.

21:35 – Acabé de cenar. ¿Veo El Intermedio en el salón, con la CRT viejuna, o en mi cuarto, con el TFT HDTV?

22:34 – Hoy es miércoles, no hay nada potable en la TV. Hora de darle al cálculo.

22:40 – Derivadas, funciones, series, sumas infinitas y hasta la madre que parió a las matemáticas son tan sumamente coñazo… De verdad, menos mal que tengo algo de programación al día.

23:56 – Bueno, creo que es hora de irse a dormir… ¿O debería leer? Tengo El Principito a medias…

23:57 – No, mejor voy a descansar, que me he levantado hecho mierda.

23:59 – Que raro, oigo un ruido raro… Beep, beep, beep, beep…

8:20 – Mierda. ¿Ya es miércoles?

Cuando el día no puede ir peor

8:20 – Beep, beep, beep, beep

8:31 – Cinco minutos más

8:54 – Mierda, llego tarde. Hoy tampoco desayuno.

8:55 – Abluciones matinales

9:05 – Ya en el autobús, oliendo axilas ajenas mientras me aplasto contra la puerta

9:17 – Llego al campus. Mierda, lloviendo. Procedo a sacar el paraguas pequeño de la mochila.

9:20 – Entro a mi pabellón, cierro el paraguas, saco café de máquina

9:21 – Joder, qué malo. Esto me va a sentar como un disparo

9:33 – Empieza la primera fase. Hoy es miércoles, luego toca física.

9:58 – Qué sueñaco… Ésta hora debería ser ilegal. La asignatura está bien, pero tan temprano…

10:20 – Por fín. Voy a por otro café a ver si me despejo, y un Kit Kat para luego.

10:23 – ¿Y mi palito? Tendré que mover el azúcar con un Kit Kat.

10:24 – Dedos pringosos, toca ir al pabellón de enfrente, puesto que en el de Servicios Comunes los baños están averiados.

10:29 – Mierda, me retrasé. A correr, que a Laboratorio no me conviene llegar tarde.

10:34 – Vaya, en LP1 aprendemos a testear aplicaciones. Zzz.

11:20 – Iba siendo hora.

11:29 – Venga ya, ¿toca cálculo? Bueno, habrá que quedarse.

12:15 – Esta mujer le echa ganas, pero las integrales desde luego apasionantes no son…

12:30 – La de álgebra no ha venido. Me voy a casa.

12:33 – Mierda, sigue lloviendo. Abro el paraguas.

12:36 – Fuuuuuuuuuu

12:37 – Ahora solo tengo medio paraguas. Las varillas de una de las mitades se han doblado todas, y partido algunas. Rezo porque el bolsillo del portátil sea impermeable.

12:55 – Llego a mi parada. Mierda, caen chuzos de punta.

12:56 – Corro. No me quedan más huevos.

13:05 – Llego a casa. Chorreando.

Continuará.