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Un juguete para la ministeria

Certificado de ministérico oficial de Manu

El inicio de todo:

El resultado, tras unos días de espera y media hora de trabajo, está a la vista.

Captura del generador.

Y hasta lo mencionaron en La Vanguardia como parte de la ministeria.

Estoy pensando añadir alguna funcionalidad más. Por hacerlo más atractivo. Por ejemplo, con un número único, o creando un mapa de ministéricos. ¿Se os ocurre algo?

Ya termino. ¿Y ahora qué?

De vez en cuando escribo para una revista llamada Y ahora qué. Están en mi memoria desde hace bastante tiempo y textos míos han formado parte de alguna de sus ediciones impresas. Hace unas semanas escribí para ellos este texto. Lo reproduzco íntegro.

No sé si a alguno de los que estáis leyendo esto os habrá pasado. Si todo va bien, en pocos meses habré defendido mi trabajo de fin de grado y, por tanto, habré terminado mi carrera. He invertido los seis últimos años de mi vida (parece mentira que haya pasado tanto tiempo, la verdad) en formarme como, en mi caso, informático, y ahora que veo el final cada vez más cerca siento cada vez más vértigo.

Vamos a ser claros: se está muy cómodo siendo universitario. Tenemos una responsabilidad muy flexible de la que únicamente rendimos resultado cada varios meses, muchas veces no tenemos que preocuparnos por temas como pagar el alquiler o los gastos de la casa, a veces incluso seguimos viviendo con nuestros padres. Además, vamos a ser claros: estudiar mola, y más si estamos estudiando lo que nos gusta.

La radio íntima. La radio nuestra

Radio

Radio

No es la primera alegoría a la radio que escribo en este blog. Es un medio que quizá utilizo menos de lo que me gustaría para entretenerme o informarme. Pero las pocas veces que he sido verdadero radioyente, lo he sido de corazón. Pero no me considero radioyente de radiofórmulas ni de nada parecido. Me considero radioyente de esos programas hechos por personas para personas, de tener la sensación de que hay alguien al otro lado, de que no son programas que no escucha ni el encargado de la continuidad de la señal.

Tengo recuerdos maravillosos de haber escuchado el Hablar por Hablar de Mara Torres (en su última etapa) y de Cristina Lasvignes, y años más tardes el de Macarena Berlín. De haber aguantado en esas noches de insomnio (o de café) antes de mis exámenes de filosofía, antes de los cuales no podía dormir, hasta el Si amanece nos vamos. O incluso de haber escuchado más de una madrugada de sábado de verano a Iker Jiménez en Milenio 3 después de haber estado mirando las estrellas. Tengo también recuerdos de mañanas de trabajo amenizadas por el maravilloso El sol sale por el oeste de Canal Extremadura Radio.

Aunque hoy no la escuche tan a menudo, puedo decir bien alto que me gusta de corazón la radio hecha con el ídem. Me gusta esa radio hecha por y para personas. Y no me gustaría nada que se perdiera.

P.D. Aprovecho para recomendaros un blog que me ha encantado desde el momento en que lo conocí: radiochips.

Imagen | Robert Ashworth

Adiós, aplicaciones de Spotify, adiós

Spotify sin apps

Spotify sin apps

Hoy me ha dado por abrir Spotify en el ordenador y me he dado cuenta de que la interfaz ha cambiado ligeramente, imagino que en la última actualización (en este momento estoy en la versión 1.0.1.1060). Botones nuevos abajo a la derecha (como uno para ver las letras de la canción en reproducción), una interfaz con más espacio, incluso casi vacía. Luego me dio por mirar a la barra lateral, y me he dado cuenta de que ha desaparecido por completo todo el ecosistema de aplicaciones de terceros dentro de Spotify.

Aquel engendro que llamaron Spotify Apps y que no era sino una plataforma para integrar webapps dentro del cliente de escritorio de Spotify (aprovechando que gran parte de su tecnología es Web) era, para mí, uno de sus verdaderos puntos fuertes, junto con el aspecto social de escuchar música que no han explotado tan bien como podrían (en mi humilde opinión, por supuesto). De hecho en 2011, cuando fue lanzada, me encontré con lo que en aquel momento vi como un auténtico game changer. De hecho se atrevían a autodefinirse como “un sistema operativo musical